Cuestión de prioridades


Esa tarde rompieron en llanto las nubes, fraguando gélidas gotas que pesaban sobre el rostro de Elvira y recorrían el cuerpo inmóvil de Clara. 
Nunca hubiera imaginado cuán lacerante era emplear todas sus fuerzas a fin de deshacerse de un cadáver con el que tanto tiempo había cargado de motu proprio. Dolía, pero ya lo había perpetrado y era irreversible.
No quedaba más por hacer, así que, alejándose contrita y desolada por la deliberada pérdida de su gemela, se infundió tranquilidad pensando que sólo era cuestión de supervivencia, ya que, con seguridad, ella se hubiera pronunciado del mismo modo al descubrir la perfidia cometida por el corazón adulterado que le susurraba la traición de su otra mitad. 
Ahora, podría refugiarse en los brazos de Gabriel sin tener que llevar en secreto una relación que había acabado en tragedia.


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