Todo para nada


Quizás sólo eran dejavus que azotaban sus recuerdos, pero ella, a cada paso escrito en el camino percibía vivencias que no habían existido. No al menos en su vida presente.
Aquella ciudad casi destruida, con áreas conflagradas y cuerpos descuartizados suponía el vaticinio de un universo en regresión del que nadie era consciente.
Mientras tanto, comercios, madres, padres, niños… la sociedad y los sueños que flotaban en las mentes de sus individuos permanecían ajenos, ignorantes al poder que segaría sus vidas. Nadie podía sentir la desdicha como ella, que se nutría de la impotencia y del miedo a ser juzgada por locura…    
La resignación se iba haciendo dueña de las argumentaciones que su cerebro proponía como escapatoria y como siempre, el punto de partida se convertía en un círculo vicioso donde reinaba el silencio.
Una vez más, el tabú le ganaba la partida a la verdad. 

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