Una vida nueva


Amanecía, y sentía como el viento aterciopelado, una vez más, acariciaba sus mejillas. Convivir con aquellos Inuit se había convertido en un auténtico placer, algo esencial para su corazón, que se confesaba debilitado en el seno de una sociedad que la atiborraba de estrés y convencionalismos descorazonadores.
Un buen día, sin más, decidió arrancar las páginas escritas en su vida. Las que, por supuesto, carecían de trascendencia. Quizá para sus allegados fue un hecho harto trágico: una mujer joven, con estudios superiores y trabajo ejemplar, comprometida con la sociedad de su esfera y, por descontado, con un marido de igual rango…
Resultaba aterrador pensar cómo había podido, con la mayor frialdad emprendida, fingir una brutal muerte con su avioneta particular. Pero, mientras se celebraba un funeral de opíparo ágape en su honor, ella simplemente gritaba a los cuatro vientos, en el Ártico, lo viva que se sentía. 

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