El artista
Y se sentó a
esperarla, porque tardaba mucho en aparecer. Miró su reloj de bolsillo…”seis y
cuarto” profirió para sus adentros. “Es hora de empezar”.
Sin
inspiración alguna, asió su lienzo y comenzó a trazar líneas alborotadas sin
destino aparente que parecían querer poseer un significado lógico desde la
perspectiva artística. Entonces sonó el timbre. Era ella.
Y en el
entretanto, él había iniciado un viaje por los recovecos de su violín,
evocando el pasado con nostálgica presencia, siendo consciente de que no
regresaría a la mejor etapa de su vida nunca más… Ella, revoloteaba por las
dependencias de la robusta casa para regresar al punto inicial desde donde
había empezado su expedición, curiosa.
Allí se
hallaban todos los útiles del artista de vocación y estaba dispuesta a
retornarle la inspiración a su alma perdida.
Y
sonriéndole con ternura, se acercó tímidamente y le besó dulcemente en la
mejilla…
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